Usé mucho tiempo en espiar a tu vida, a través de los ojos de tu novia. Es increíble lo mucho que damos de nosotros en las fotografías.
Podría emitir un juicio muy duro, basada en lo que vi. Pero no tengo ganas.
No me gusta juzgar a las personas, porque tampoco quiero que me juzguen. Finalmente, las cosas son como son, y a veces me convences de que pueden ser diferentes. Sé que no van a serlo.
Estás allá y yo acá. Incluso deseo irme más lejos. Entre más kilómetros haya entre nosotros, todo será mejor. O no. Quizá todo será igual, y la distancia hará que caiga el peso de la realidad sobre nosotros, sobre mí: aún pienso demasiado en ti, porque aún estoy enamorada de ti.
Sé que no es cierto.
Hace mucho que vi objetivamente lo que siento por ti. Me di cuenta de que no es de ti de quien estoy enamorada. Es de la idea de ti. Por eso podría quedarme muy tranquila si decides no hablarme. Porque no me harás falta.
Había pasado mucho tiempo desde la última vez que hablamos. Y me diste días seguidos de tu atención. Luego nada.
Te regalas a mí, a cuentagotas. Por eso tengo sed siempre de ti. En mi estómago se instaló el anhelo de tus palabras, de tus atenciones. De obtener algo más que el fruto de mi imaginación.
Idea de ti ¿Qué harás cuando me vaya lejos?
¿Qué harás si decido colgarme en un frío bosque, mientras el atardecer se escurre por los pinos en la lluvia?
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