Ya había notado que el espejo que venía dentro de ella se salía de lugar. Usé la punta de los dedos para empujarlo fuera de la cartera. Medía pocos centímetros y sentía sus afiladas orillas.
Sostuve el espejo con mi mano derecha, entre el pulgar y el dedo índice. Le di un par de vueltas y luego comencé a presionar la orilla sobre mis dedos.Sentía que la hoja iba abriendo la piel. El ardor me punzaba levemente, pero no fui consciente del daño que me hacía.
Sentí húmeda la punta de los dedos y puse mi vista sobre la mano. Había varios cortes en dos de mis dedos. Eran muy poco profundos; me di cuenta porque apenas y sangraba. Únicamente había un corte que seguía goteando mi sangre medio descolorida.
La vista y el ardor me concentraron. Tomé el espejo y seguí cortando las yemas de mis dedos. Me daban escalofríos sentir el filo deslizarse por mi piel. Romper mi piel. Sangrar mi piel.
Alguien me vio y gritó algo.
Solté el espejo y me vi las manos. Estaban llenas de sangre. Podía ver las líneas rojas cruzando mis dedos. Me dije a mi misma que me habían desesperado y por eso lo hice.
Desperté con dolor en los dedos índices. Había estado clavando las uñas de ambos pulgares en ellos.
Por eso el sueño del espejo.
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