*"Hace ya muchos e infelices días que carezco de noticias tuyas. A excepción de la tarjeta y de la primera carta no he vuelto a recibir ninguna más. He estado, por este motivo, muy triste y muy preocupada; he hecho toda clase de hipótesis (algunas nada agradables y nada tranquilizadoras pero totalmente verosímiles) y he terminado por desear que tu silencio tenga su origen, en que has estado demasiado ocupado, en que has tenido demasiada flojera, en que has pensado escribirme una carta muy larga y eso requiere tiempo, en que te diviertes mucho, en que estás con niñitas, en que tienes que preparar tus clases, en que te desvelas. Yo recuerdo que alguna vez prometí escribirte aunque no obtuviera tu respuesta. Como era de temerse estoy dispuesta a llevar adelante esa promesa pero me detiene un poco algo: que recibir mis cartas y saber que mi devoción y mi amor continúan inalterables y crecientes te compliquen la vida y te parezca extemporáneo, estorboso e incómodo; y que además resulta un poquito ridículo estar bordando en el vacío y enviar noticias que carecen totalmente de interés ni de trascendencia y de estados de ánimo que al no compartirse no parecen siquiera comprensibles. Quiero decirte ahora una cosa: te amo mucho, te amo como siempre o más que antes, me haces mucha falta y te soy fiel. Pero no me extrañaría (ni me modificaría en mi constancia) saber que me has olvidado o que me has sustituído. Yo no quisiera perder tu amor; me dolería mucho, me dejaría tan desolada como me encontraste y más porque he sido muy feliz contigo. Pero no tendría yo derecho a reproches ni a llantitos ni a lamentos cuando tan bien podrías decirme que fui yo quien eligió y que elegí venirme y que nos separáramos. Todo esto es lógico, pero las cosas no son lógicas y me haces mucha falta y me da una desesperación horrible no saber nada de ti. Pero en fin, si esto sucede o ha sucedido ya (sólo sucede lo adverso), si he perdido tu amor (porque él no depende de tu voluntad ni de ninguna ley), hay algo que no quisiera perder nunca y que te podría pedir sin violentarte: tu amistad. Usted es la persona más limpia, más sana, más honrada que he conocido. Me dejaría inconsolable el hecho de que usted cesara de estimarme; porque yo no podría dejar de estimarlo a usted, ni tendría ningún motivo. Pero yo tengo muchas fallas y usted me las conoce bien. Aunque no es bueno aceptarlas sin antes tratar de corregirlas. Pero ya no hablemos de eso. Yo lo amo, ya lo sabe. No quiero que por ningún motivo, nunca, suceda lo que suceda (excepto que yo hiciera algo de lo que tuviera que avergonzarme ante usted y eso no sucederá mientras mi voluntad funcione), crea que ha dejado de contar conmigo. Siempre, siempre le seré leal. Porque creo que independientemente de todo lo que lo ama usted vale la pena de intentar y de lograr la lealtad."
Hay personas a las que se les dice valientes por su forma de vivir su vida, de moverse, de platicar con las gentes y todas esas cosas que hacemos las personas. Creo que sabes que no soy valiente. No porque te lo haya dicho tal cual, sino porque mis palabras y acciones hablan por mí. Soy tan poco valiente que a veces te he escondido cosas por miedo a que dejes de quererme o te des cuenta que soy una farsante.
No soy lo suficientemente lista, no soy lo suficientemente alta, lo suficientemente hermosa, suficientemente culta, divertida, interesante. Entonces ¿Qué diablos soy yo? Un remedo de persona.
Todos los días me muevo como autómata. No tengo motivaciones, no tengo pasiones. Tal vez todos somos una especie de ganado, tal vez nadie tiene voluntad real. Pero te veo y sé que estoy equivocada.
A veces siento que soy arrastrada a un lugar lleno de podredumbre, dolor y tristeza. Lo siento porque cada minuto que paso en mi vida me hunde en un imenso lodazal. Dar un paso me cuesta mucho trabajo, cada vez que muevo un mùsculo tengo que hacer acopio de todas mis fuerzas; fuerzas que se agotan. Aún así tengo que avanzar, doy paso tras paso en este lodazal, dirigiéndome a ningún lugar. En mi cabeza sólo está una cosa: seguir avanzando. La pregunta latente ¿Por qué? ¿Por qué? No encuentro respuesta y por eso no me detengo. Tal vez más delante vea algo, tal vez delante me espere algo.
Hoy me di cuenta que tú y yo cambiamos de rumbo hace mucho tiempo. Mi mundo y el tuyo no están ligados por nada. Eres un fantasma, un fantasma de algo que nunca existió. Eso me puso triste, inconmesurablemente triste. Nunca más volveremos a tener algo en común, ni un pensamiento, ni una risa. Es peor que si hubieras muerto. Ojalá sintieras lo mismo que yo y tuvieras un intenso anhelo por recuperar lo perdido.
No sé porqué pensaré tanto en ti. Fuiste un pésimo amigo.
*Fragmento de una carta escrita a Ricardo Guerra por Rosario Castellanos el 29 de noviembre de 1950.
No hay comentarios:
Publicar un comentario